No sé si es que me estoy haciendo mayor o que hay cosas que uno va integrando en su carácter, pero ayer no tuve que hacer un ejercicio consciente de olvidarme del mal año, de los dolores, sinsabores, decepciones y demás. Fue algo automático centrarse en disfrutar de la competición y dejar al margen todo lo demás. Así que me planté en la línea de salida con todas las ganas del mundo.

La prueba salió muy rápida: Miguel Ángel López (menuda exhibición la suya), Alberto Amezcua y mis compañeros Álvaro Martín y Marc Tur pasaron holgados por debajo de 4:00 el primer km, marchándose solo el murciano poco después. El resto nos vimos relegados a luchar por la quinta posición, con un primer km bastante lento (4:20). Intenté dar “vidilla” a ese segundo grupo, pero sentía que me pasaban un poco la tostada a mí y, cuando dejaba hacer, el ritmo decaía bastante. Así que al final tuve que hacer algo a lo que no acostumbro, que es hacer cambios de ritmo en mitad de prueba, maniobra que no resulta útil cuando buscas marca (no era mi objetivo), pero que puede serlo cuando buscas conseguir un buen puesto. En uno de esos cambios conseguí quedarme solo con Francisco Arcilla y con él si fue fácil entenderse en los relevos para marchar hacia delante, lo que sobre todo se notó en que el segundo parcial de 5000 salió más rápido que el primero. Las cosas iban cambiando por delante, Marc Tur era descalificado y Amezcua descolgaba a Álvaro, al que al final casi damos alcance. En los últimos 2 km, Arcilla y yo consolidamos nuestra ventaja sobre los perseguidores, pero a falta de 60 metros el leonés fue descalificado y me quedó en bandeja la 4ª plaza, acabando con un registro de 41:54, que creo que no está nada mal.

Muchos años he conseguido medalla en este campeonato, pero quizá estoy más orgulloso y satisfecho este 2014 que ningún otro año después de lo difícil que ha sido llegar hasta aquí. Ayer disfruté mucho. Muchísimo. Y fue muy fácil. Solo había que dejar aparcado todo lo malo y salir a competir como si no hubiese mañana.