Ha pasado ya más de un día desde que saltara la noticia de la “Operación Galgo” y tras el shock inicial, van saliendo reacciones, comunicados, etc. con el denominador común de la Tolerancia Cero con el dopaje. Esta tolerancia cero está siendo interpretada por las autoridades (deportivas y no deportivas) como un estrechamiento al cerco de los tramposos que está dando muy buenos resultados al parecer, no hay más que fijarse en los acontecimientos del viernes, a la espera de que la justicia depure culpables, inocentes y responsables. Pero creo que esto no da más que frutos a corto plazo. La esencia de la Tolerancia Cero debería ser otra y sobre esto quiero hablaros hoy en el blog.

Lo primero que quiero exponer es que la decisión última de doparse es del propio deportista. Es decir, son sus ansias de gloria, de dinero, de fama, de reconocimiento, etc. lo que le llevan a recurrir a sustancias prohibidas. Desde mi punto de vista ese deportista no tiene los valores adecuados. Para mí la esencia del deporte es luchar con tus capacidades y tu trabajo diario por la superación de tus propios límites. Si el deportista recurre a sustancias prohibidas es porque su superación le importa bien poco, prefiere la trampa con tal de conseguir esa medalla, esa portada, esa beca, ese premio… porque lo primero es superar a los demás ( y no ve la superación de uno mismo como el medio para lograrlo). Por lo tanto pienso que la Tolerancia Cero debe partir en la educación en los valores del deporte y el juego limpio, es la única manera de acabar con el dopaje a largo plazo.

Ahora os quiero hablar un poco de mi experiencia personal en el deporte. Yo disfruto mucho de ser atleta, muchísimo. Cada día me levanto con ilusión por ir a entrenar y siempre pienso en mejorar, en superarme, en cómo alcanzar los objetivos ambiciosos, pero a la vez realistas, que me pongo. Gracias a esto he conseguido una felicidad que no hubiera conseguido alcanzando objetivos mucho más altos mediante el dopaje. No puedo entender que alguien sea feliz siendo campeón olímpico gracias al dopaje, porque yo no lo sería… por eso pienso que quizá ese deportista prioriza otros valores a los auténticos valores del deporte.

Creo que la Sociedad, la prensa, los entrenadores, monitores, dirigentes… deberían reflexionar sobre esto. Debemos afrontar el reto de formar deportistas luchadores, constantes, trabajadores, pero sobre todo hay que conseguir que el deportista sienta un amor por lo que hace tan fuerte que el dopaje no quepa en él.