Hace poco más de cuatro años que os contaba esto y hoy me he detenido a leerlo de nuevo. Tengo una sensación extraña. Parece increíble lo que contaba en el último párrafo, lo que ha llovido desde entonces y lo que os voy a contar ahora.

Han pasado muchas cosas en mi carrera deportiva en estos cuatro años, pero tengo que confesar que las he vivido un poco en un segundo plano, porque toda mi atención estaba puesta en el 2016. He tenido lesiones y problemas físicos (operación de rodilla, fracturas de estrés, aparición de asma de esfuerzo…), pero sin embargo no me han hecho mucho daño, lo único importante era buscar soluciones para estar lo más sano posible en el momento actual. Los éxitos no me llenaban del todo, aunque hacía que ganaba la partida. Tampoco los fracasos me afectaban demasiado. Todo lo que me importaba era conseguir la clasificación para Río. Cierto que me decepcionó no ser seleccionado para el Europeo del 2014, pero igualmente rápido lo olvidé para seguir pensando en este año.

Poco a poco se ha ido acercando el momento decisivo y yo me he ido metiendo en una especie de armadura, toda mi concentración iba encaminada a ese día, toda mi energía también. Todo lo perturbador que me ha podido suceder en las últimas semanas me hacía superarme en la búsqueda de soluciones, a la vez que hacía aún más focalizar mi atención en el día D y la hora H. El día llegó y según fue transcurriendo la prueba yo me fui centrando más y más en el momento que tanto esperaba. No voy a negar que surgieron dudas, Arcilla y Mikel Odriozola hicieron una gran carrera, que además de impulsar a España a conseguir la medalla de bronce del Campeonato del Mundo (parece que en España sí que sabemos preparar el 50 km), pusieron en algún momento difícil mi clasificación olímpica. Pero yo tenía todo muy claro en mi cabeza, la estrategia, lo que iba a sentir y lo que tenía que pensar, lo que iba a hacer y cómo lo iba a hacer. Por momentos no me importaba que hiciera un bochorno como el que hizo (que yo creo que afectó mucho a los rivales y por eso logré esa sexta posición), creo que me hubiera salido una prueba muy parecida con calor, con frío, con lluvia o con viento. En todo momento era capaz de sacar de mí una fuerza que disipaba cualquier problema y me hacía tener la sangre fría para esperar mi momento. Porque yo sabía que todo iba a suceder a partir del km 40, en esos kilómetros que no se entrenan (no pasamos de esas distancia en entrenamiento), pero para los que llevaba tanto tiempo preparado. Allí saqué todo lo mejor de mí y conseguí lo que tanto anhelaba.

Pero después de cruzar la meta descubría que había vida más allá de las 12:51:10 del 8 de mayo, y no pude evitar romper a llorar. A partir de ahí ha sido alucinante recibir tanto cariño, tanta felicitación y tanto elogio. Yo no paro de dar las gracias a todo el mundo y la gente no para de decirme que el mérito es mío, pero yo me sigo sintiendo en deuda con todos. Con mi mujer y con mi hija. Con mi entrenador y mis compañeros de entrenamiento. Con mi familia y amigos. Con fisios, médicos y psicólogos. Con mis compis de trabajo. Con los que me dais apoyo por las redes sociales. Con todos los que me ayudan o me han ayudado en mi carrera deportiva (clubes, marcas, antiguos entrenadores y compañeros ,etc.). Y con todos los que me dejaré seguro por nombrar. Mi deuda es imposible de saldar, pero seguro que ayuda a rebajarla lo que os quiero compartir, las palabras que descubrí hace unos meses casi de casualidad y que me han servido de inspiración en este tiempo, unos versos que no he parado de repetir en mi interior día tras día:

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