Ya iba siendo hora de actualizar el blog un poquillo. El pasado 1 de noviembre daba comienzo la nueva temporada, especial porque es olímpica, y también porque es la primera en unos años que arranco sin problemas físicos. Por tercera consecutiva vestiré los colores del FC Barcelona y mis pies estarán bien cuidados gracias a la marca japonesa Mizuno, que me equipará también en este importante año.

Los entrenamientos transcurren con normalidad para el 50 km del Campeonato de España (Motril, 28 de febrero) y ya puedo adelantar que mi debut en competición será el 13 de diciembre en el Trofeo Cerro Buenavista de Getafe, donde participaré en la distancia de 10 km. Del mencionado campeonato de España de 50 km saldrá la mayor parte del equipo nacional para participar en el Campeonato del Mundo de Marcha por Equipos (anteriormente Copa del Mundo de Marcha), y que, en teoría, iba a disputarse en Cheboksary (Rusia) y ser decisivo también para la selección de las plazas olímpicas. Y digo en teoría, porque nuestro deporte se ha convulsionado con las revelaciones de la AMA la pasada semana de la trama de dopaje organizado que se estaba desarrollando en Rusia y que ha traído como consecuencia la suspensión de la federación de dicho país como estado miembro de la IAAF en una decisión salomónica sin precedentes. Esta sanción conlleva la no organización de las competiciones que tenían adjudicadas, entre ellas el Campeonato del Mundo por Equipos, y la no participación de sus atletas en las competiciones, incluido los JJOO.

Dejando un poco de lado la incertidumbre que produce no saber qué pasará con una competición tan importante como la que se iba a celebrar en Cheboksary, todo este asunto y la forma en que lo ha manejado la IAAF me genera cierta repulsión. Lógicamente, como deportista me satisface que se cace a los que hacen trampas, pero que la propia IAAF, que, presuntamente, tenía miembros cooperando en ocultar la trama, sancione a todos los atletas de un país (dopados y no dopados) con no participar en unos JJOO, me parece ciertamente bastante desafortunado. Yo, personalmente, si participo en los JJOO me gustaría hacerlo contra los mejores del mundo, eso sí, limpios, y por eso no entiendo la gente que se alegra de la medida, como tampoco a los que cada vez que sale una noticia de estas alardean de su limpieza en redes sociales y demás, no creo que sea necesario explicar en twitter que uno se ducha todos los días… Por otro lado, por un solo atleta limpio que existiera en Rusia, la decisión ya sería un fracaso en términos de justicia y ecuanimidad, y sólo ponerme en la piel de ese atleta me enerva un poco, no os voy a engañar.

Sé que probablemente acabar con el dopaje sea complicado, pero… ¿de verdad creen que este tipo de medidas son las mejores? ¿hacia dónde camina nuestro deporte?