En estos años en la marcha, especialmente en el 50, me he acostumbrado a luchar a ciegas, a sufrir cuando peor estás sabiendo que el 99% de las veces no tiene sentido. Pero hoy se ha dado ese 1% que da sentido a mi frase favorita: Ser fuerte es verse débil y seguir apostando por uno mismo.
El campeonato de España de 50 comenzaba con buenas sensaciones. Hasta el km 30 todo iba bien, bien en cuanto a tiempo, porque la dureza (en mi opinión exagerada) del circuito, me estaba dejando las piernas muy tocadas. Tanto fue así que a partir del km 38 empecé a notar calambres en gemelos e isquiotibiales. Defendí el bronce todo lo que pude, pero empecé a pasar km a más de 6 minutos y Corchete me adelantó en el 46. Cada vez iba más tocado, pero seguí luchando a ciegas y a priori sin sentido, pues a ese ritmo mi compañero Iván Pajuelo, que ha hecho un gran debut en la distancia, no tardaría en alcanzarme. Pero apostar por uno mismo cuando más débil estaba tuvo su premio y milagrosamente me empecé a sentir mejor en el 49. Así que apreté los dientes y sufrí con todo, salvando la cuarta plaza por 16 segundos.
Después sucedió lo inesperado y llegó la descalificación de Corchete, que había sido tercero,pasando la medalla a mi poder, pero no dejándome muy buen gusto por la forma en que se ha producido. Creedme, lo siento mucho por él.
Por todo esto me quedo más con el esfuerzo, la garra, el orgullo… con los que he hecho esos últimos km que aún me ponen la piel de gallina al recordarlo.