Hoy oficialmente va a anunciar Juanma Molina su adiós a la gran competición. La verdad que sólo de escribirlo se le queda a uno el cuerpo un poco extraño. Tuve el gusto de conocerle hace muchos años, en categoría juvenil, cuando en el ya extinguido GP de Moratalaz me pasó por encima, la primera de las muchas veces que lo ha hecho. Al ser del mismo año de nacimiento fuimos coincidiendo en todos los campeonatos y pronto me di cuenta de su gran calidad humana. Fueron pasando los años y, mientras él coleccionaba campeonatos de España y yo iba mejorando poco a poco mis prestaciones, nos fuimos haciendo buenos amigos.

Si algo puedo destacar de Juanma como atleta es su gran capacidad competitiva, algo que siempre he admirado de él. Durante su carrera ha sido capaz de exprimir al máximo sus posibilidades en cada competición, de dar el 100% prueba tras prueba. Hemos tenido el gusto de vivir juntos nuestros éxitos deportivos, y en ello tengo que destacar el Mundial de Helsinki 2005. Fue una experiencia inolvidable compartir habitación con el que a la postre se proclamaría medalla de bronce en la competición, y especialmente fue inolvidable porque me impresionó sobremanera la humildad con la que vivió aquel gran éxito. Y es que, aunque parezca paradójico, es más fácil destacar más cosas de él como persona que como atleta.

Hemos compartido muchas concentraciones y competiciones con el equipo nacional, llenas de risas y buenos momentos, y para mí ha sido una pena no poder compartir esta última Copa del Mundo, la de su despedida, y aún más, no poder estar juntos en los JJOO de Londres. Aunque abandone la marcha de alta competición, afortunadamente no le perdemos para el deporte, pues va a seguir ligado a su pasión de una u otra manera. Como he dicho ya, la huella que ha dejado en la marcha y en las personas es imborrable, y es que dar ejemplo no es la mejor manera de influir en los demás, es la única manera. Pero esto no lo digo yo, lo dijo un tal Albert Einstein

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