Las cosas después de Lugano no han pintado bien. Los dolores de cadera han sido fuertes y la visita a un especialista el viernes pasado no hizo sino confirmar los malos presagios. Al parecer la artrorresonancia ha mostrado que tengo roto el labrum de la cadera, un fibrocartílago (una especie de menisco) que ayuda a mejorar la congruencia de las superficies articulares del acetábulo y de la cabeza del fémur. Al parecer, morfológicamente mi cadera presenta una variante que se da en aproximadamente un 15% de la población, en la que el techo del acetábulo cubre en exceso la cabeza del fémur. Con tantos años practicando la marcha, este mayor choque femoroacetabular predispone a que se rompa el labrum.

La solución pasa por visitar el quirófano a final de temporada. De momento el lunes me pusieron una infiltración en la articulación y hoy he vuelto a marchar. A base de infiltraciones de ácido hialurónico y estabilización y fortalecimiento muscular voy a terminar la temporada e intentar cumplir por fin mi sueño olímpico. He entrenado muy bien estos meses y me encuentro muy bien físicamente, ahora sólo hay que esperar a que el tratamiento funcione bien. Los médicos son optimistas, ¿por qué no voy a serlo yo? Lo que está claro es que voy a poner todo y más de mi parte como hasta ahora para conseguir la plaza para Londres, si la meta es apasionante el sacrificio no parece tan grande.

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